Primer kilómetro Start-up de Setúbal

Archivos 16 Fev 2023

Primer kilómetro Start-up de Setúbal

Por Pedro Fernandes

Setúbal, cuatro de agosto de 1930. Decenas de miles de personas convergen en la Avenida Luísa Todi para presenciar el primer Kilómetro de Salida celebrado en esa ciudad. El entusiasmo que rodea la carrera es tremendo y los Bugatti Type 35C y Type 35B de Adalberto Marques y Henrique Lehrfeld se destacan como las estrellas más brillantes del evento. Al final del día, se habría establecido un nuevo récord nacional para este tipo de carrera, pero también se habría desatado la polémica en torno a los resultados.

El Kilómetro de Arranque de Setúbal formó parte de las celebraciones asociadas a la gran Exposición Regional del Distrito, que se celebró con motivo de la inauguración de la red eléctrica de Setúbal, al tiempo que sirvió de escenario para dar a conocer los productos y las industrias locales. El evento fue un éxito, atrayendo un gran número de visitantes a la ciudad y a la región, a través de las numerosas actividades que se desarrollaron a lo largo del mismo, siendo las carreras de coches las que más captaron la atención de los visitantes. Este tipo de competición, muy en boga en la época, aprovechaba la creciente fascinación por los automóviles, símbolos de modernidad y progreso tecnológico.

Para tratar de evitar incidentes con los espectadores, se distribuyó entre el público una considerable cantidad de folletos informativos con el fin de advertir sobre posibles problemas de seguridad inherentes a un evento de estas características; en ellos, el Comité Organizador hacía hincapié en que no se cruzara la “pista” durante las carreras, pidiendo especial cuidado con los niños para evitar “graves catástrofes que enlutarían las grandes fiestas”.


Además de los folletos con advertencias sobre seguridad, el Comité editó también (en asociación con el Automóvil Club de Portugal) folletos con la lista de normas para el Kilómetro de Salida y el Concurso de Elegancia y Comodidad, que daría continuidad al anterior. El mismo folleto, distribuido a los participantes, recordaba que la responsabilidad de cualquier accidente durante la carrera sería exclusivamente de los conductores, que podían ser nacionales o extranjeros, aficionados o profesionales, siempre que tuvieran su licencia de conductor y de competidor expedida por el Comité Deportivo del ACP. El coste de la inscripción en el evento era de 100 Escudos, valor que ya incluía – cuando era necesario – el transporte de los coches en los vapores de la Asociación de Lisboa.

El Kilómetro de Salida de Setúbal constaba de dos categorías: “carrera” y “sport”, ambas abarcando diez clases diferentes, designadas de la “A” a la “J”, siendo la “A” la clase de mayor cilindrada (superior a 8000cc) y la “J” la de menor (hasta 350cc). En la categoría “sport”, los denominados turismos debían seguir unas normas específicas en relación con una serie de elementos que, de no cumplirse, conducían a la inscripción del coche en cuestión en la categoría “race”. Los turismos debían tener “asientos que correspondan a asientos normales y confortables”; guardabarros que cubran “eficazmente” las ruedas, capós en el caso de los cabriolets, parabrisas cuyo borde superior debe estar “como mínimo a la altura de la parte superior de la cabeza de un conductor de estatura normal”, no permitiéndose parabrisas llamativos; claxon y alumbrado funcionales; tubos de escape, estando prohibidos los tubos de escape dirigidos hacia el suelo, y una o varias ruedas de repuesto “fijadas fuera del lugar destinado a los pasajeros”. Los coches de turismo también debían tener mise-en-marche automática. Los ganadores de las categorías “sport” y “carrera” recibirían un premio de 1.000 escudos, además de un trofeo.



El periódico “O Século” del 5 de agosto mencionaba que “en cualquier momento llegaban extraños, en numerosos grupos, por centenares, por millares. El movimiento era más que extraordinario: vertiginoso”. La Exposición Regional y las carreras de coches que la acompañaron acabaron atrayendo a unas 30.000 personas a la Avenida Luísa Todi el día 4. Informes de la época señalan que, la noche anterior, ya habían llegado tanto competidores como público y que no sería “exagerado calcular en 3.000 el número de coches presentes en Setúbal a primeras horas de la mañana”.

Durante la madrugada del día 4, entre las 15 y las 17 horas, tuvieron lugar los entrenamientos para las carreras. El peculiar horario reflejaba la realidad de las limitaciones impuestas por el numeroso público que acudía diariamente al espacio de la Exposición Regional en la Avenida Todi por la mañana, forzando una noche de poco sueño para los residentes de la principal arteria de Setúbal.

Las dificultades de la carrera no se debieron sólo al volumen de público en el lugar, sino también a la propia pista. Dos curvas fueron definidas como enemigas a tener en cuenta por los limitados frenos de los coches en carrera. Se habían colocado varios sacos de arena en el exterior de las curvas para minimizar cualquier desastre derivado de una posible pérdida de control por parte de uno de los participantes. A pesar de las precauciones tomadas, los miembros del comité organizador, así como los periodistas de la revista “O Volante”, que habían señalado desde el principio de la planificación de las carreras (en la persona del Director de la publicación, que había sido invitado a dar su opinión al respecto) que las condiciones de la avenida Todi para acoger este tipo de pruebas eran bastante limitadas, temían las consecuencias nefastas de un incidente de este tipo. Además, la advertencia que se había hecho sobre los peligros de cruzar la Avenida Todi durante las competiciones no pareció surtir el efecto deseado, especialmente entre los grupos de edad más jóvenes, siendo varios niños los protagonistas de algunos de los momentos más angustiosos de la jornada. A las cuestiones ya mencionadas se sumó la falta de megafonía, lo que dificultó mucho el seguimiento de las carreras por parte de los espectadores, y no hubo forma de transmitir al público de forma rápida y eficaz los resultados de las mismas.

A pesar de las limitaciones y tal como se esperaba, el público acudió en masa, siguiendo con devoto interés las hazañas de los veloces y modernos coches. Según “O Volante”, publicación que ha dedicado dos números consecutivos (169 y 170) a los acontecimientos de Setúbal, el Quilómetro de Salida fue la carrera que “despertó más entusiasmo y emoción”. El duelo de los Bugatti se convirtió en lo más destacado del día, con Henrique Lehrfeld y Adalberto Marques, “uno de los mejores pilotos” en pruebas de esa naturaleza, luchando por el primer puesto.

Ambos coches llevaban neumáticos Dunlop y aceite Castrol; Marques fue el primero en salir: “[El] público contuvo la respiración cuando rugió el motor. A unos 100 metros de la meta, el intrépido y valiente cortó gas”. El Bugatti T35C “Maria de Lurdes” de Adalberto Marques alcanzó una media de 112,079 km/h, lo que constituyó un récord nacional, batiendo el anterior establecido por Lehrfeld (104,681 km/h) en el Quilómetro de Salida de Campo Grande, carrera en la que Lehrfeld había participado con el Bugatti conducido entonces en Setúbal por Adalberto Marques. Marques había adquirido el chasis nº 4930 del T35C a Lehrfeld, quien a su vez había adquirido el coche al barón de Rothschild en algún momento entre abril y julio de 1929 (las fuentes difieren).

Cortesía del Archivo de la Biblioteca Pública Municipal de Setúbal

 
La noticia de la conquista de Marques se extendió entre el público, que vibró con la emocionante revelación del nuevo récord. Le siguieron dos carreras de Lehrfeld, que sorprendieron al público, que sólo esperaba una de cada competidor. Lehrfeld había traído a la avenida Todi su nuevo T35B Grand Prix chasis #4952, que había adquirido en julio del mismo año, muy posiblemente en París, en el concesionario Bugatti de la Av. des Champs-Élysées. Con una media inicialmente anunciada de algo más de 108 km/h para Lehrfeld, Marques es declarado vencedor, que recibe “aplausos y saludos no sólo de sus amigos, sino de todo el mundo”. En la categoría “Sport”, el primer clasificado fue el Dr. Luís de Lima Faleiro al volante de un Isotta Fraschini con una media de 88,019 km/h.

Sin embargo, tras las pasadas de Bugatti y la celebración de Marques, surgió la polémica en torno a dos cuestiones: la primera inherente al hecho de que Lehrfeld hubiera corrido la carrera dos veces en lugar de una, como era el caso de los demás competidores. La decisión de permitir al piloto una segunda pasada no quedó clara ni se explicó oficialmente, y la revista “O Volante” especuló con que Lehrfeld tenía dudas sobre si el espacio tras la línea de meta era suficiente para detener el coche. Por lo tanto, y debido a la insistencia del piloto, la primera pasada no se cronometró ni se realizó aprovechando al máximo las potencialidades del Bugatti, con el fin de comprobar las condiciones de seguridad. Sin embargo, la publicación también informa de que una segunda justificación (de manera informal) fue proporcionada por el Comité Deportivo de la ACP, que informó de que el cronómetro no había registrado la salida de Lehrfeld en el primer intento y, por lo tanto, el segundo paso era necesario. Sin embargo, es evidente que, aunque así fuera, la falta de una explicación oficial y oportuna de las dos pasadas levantó ampollas.

La segunda cuestión fue la media final de Lehrfeld, que también fue objeto de cierta controversia. Como ya se ha mencionado, Adalberto Marques había sido declarado inicialmente vencedor de la prueba; sin embargo, la velocidad media de Lehrfeld se estableció oficialmente en 118,304 km/h y, más tarde, también se anunció una tercera velocidad media superior a 124 km/h, una cifra poco probable ya que el récord internacional de la época, establecido en pista por Laslo Hartman (también en un Bugatti), era de 124,009 km/h, por lo que una velocidad similar en el transcurso de un kilómetro de salida en carretera era un hito extremadamente difícil de alcanzar.

Cortesía del Archivo de la Biblioteca Pública Municipal de Setúbal

 
Adalberto Marques protestó por la situación, no por la victoria de Lehrfeld, sino por las dos pasadas del piloto y también por las diferencias sustanciales en los promedios anunciados. Marques señaló que “¿Cómo se puede hacer deporte de esta naturaleza? ¿Qué juzgará el público de todo este embrollo, cuando se le da un resultado y a los pocos minutos se le da otro totalmente diferente? Marques acabó recibiendo del Comité Deportivo de la ACP la misma justificación que había llegado a oídos de la revista “O Volante”, que un fallo en el equipamiento no había permitido cronometrar el primer paso de Lehrfeld. La publicación informa de que la aclaración “satisfizo perfectamente” a Marques.

El Quilómetro de Salida en la Avenida de Todi fue sólo la primera de una serie de victorias para el Bugatti nº 4952. Lehrfeld supo aprovechar las prestaciones del coche, demostrando sus impresionantes capacidades con ocasión de la carrera de Setúbal, cuando el piloto estableció un tiempo récord nacional en carretera abierta, viajando de esa ciudad a Cacilhas en sólo 20 minutos. También en 1930, el T35B de Henrique Lehrfeld lograría victorias en Caldas da Rainha (Recta de Tornada) y Mindelo (Recta de Mindelo). En 1933 obtuvo la primera posición en la Subida de Cabo da Roca y al año siguiente venció en el Circuito de Vila Real. También participó en carreras internacionales entre 1930 y 1937, compitiendo en Río de Janeiro, Barcelona y La Baule.

En 1956, el coche encuentra un nuevo propietario en João de Lacerda, dictando así el futuro del impresionante Bugatti como uno de los elementos más interesantes de la colección del Museu do Caramulo.

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