El Rescate de una Herencia de Familia: Hupmobile Modelo S de 1930

Clásicos 07 Out 2023

El Rescate de una Herencia de Familia: Hupmobile Modelo S de 1930

Por Pedro Fernandes

Los automóviles suelen ocupar un lugar destacado en la historia de una familia. El fenómeno no es de desafiante comprensión pues, a lo largo del tiempo, éstos se afirman no solo como elementos meramente utilitarios, sino también como repositorios de memorias y promotores de convivencia y proximidad, Finalmente se convirtieron en verdaderos miembros honorarios del hogar. Tal fue el caso con la familia Borba y su Hupmobile Modelo S sedán de 1930.

Hace unos meses, tuve la oportunidad de visitar al Ingeniero Francisco Moniz Borba, asumido aficionado a los clásicos (con un lugar especial en el corazón reservado a Porsche) y ex-propietario del Mercedes-Benz 300SL “Gullwing” ganador del Rallye Ibérico de 1956, automóvil que le fomenta las más añoranzas. Durante un tour a su colección de vehículos, en una de las dependencias de la propiedad, nos encontramos ante un imponente automóvil anidado a una esquina y cercado por rejas dispuestas para su protección, de modo que alguna maquinaria agrícola más liberalmente maniobrada no le cause, accidentalmente, daños. El emigrante oriundo de los inicios de la era dorada de Motor City no esconde la edad y mucho menos las profundas marcas de las ya largas décadas de vida; sin embargo y a pesar de eso, permanece estoico, casi monumental, como si escerasse en su esencia la certeza absoluta de un futuro digno.

El propietario me informó que el Hupmobile de 1930 era el automóvil de su abuelo, Francisco de Paula Borba, el cual permanece como una de las figuras más reconocibles de la historia setubalense de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Natural de Angra do Heroísmo, Licenciado en Medicina en Lisboa, Francisco de Paula Borba vendría a establecerse en Setúbal, destacándose en esa ciudad como clínico y filántropo. El 1 de septiembre de 1930, el Doctor Paula Borba adquiere el Hupmobile Modelo S al stand de Agostinho Rios d’Oliveira & Ca. en la Avenida da Liberdade, representante de las marcas Hupmobile y White. El recibo de la compra indica que el automóvil costó 48.000 escudos, habiendo sido encargado «con carrocería cerrada “sedán” de cuatro puertas, modelo seis cilindros con ruedas de alambre, dos de reserva por los lados».


Hupp Motor Car Company fue una de las compañías nacidas y extintas en el boom automovilístico de principios del siglo pasado, fundada en 1909 por Robert Hupp y Charles Hastings. El Hupmobile Modelo S fue producido entre 1930 y 1932 en las variantes coupé, sedan y Phaeton, no siendo sin embargo claros cuáles son los totales de producción de éste o de los demás modelos de la compañía; a pesar de la ausencia de información concreta, el hecho es que, en comparación con los grandes fabricantes de Detroit, los pocos miles de unidades que salían de la línea de Hupp no constituían volumen suficiente para vengarlo de la Hupp Motor Car Company a largo plazo. A pesar de que, a partir de 1932, la constructora había apostado por nuevos modelos definidos por líneas dramáticas de la autoría del legendario diseñador industrial Raymond Lowery, en 1939 Hupp ya se encontraba en caída libre para la quiebra.

Francisco de Paula Borba moriría en 1934; hasta entonces, el Modelo S habría sido utilizado primeramente para viajes a São Martinho do Porto y Elvas, donde el Doctor Paula Borba poseía propiedades, así como para paseos en la región de Setúbal. El automóvil sería posteriormente heredado por João Botelho Moniz Borba, hijo del propietario. Este mantenía registros extremadamente detallados acerca del Hupmobile y del resto de automóviles de la familia; la primera referencia por parte del Ingeniero João Borba acerca del Modelo S data de 1936. Entonces, el automóvil contaba con poco más de 41.000 kilómetros, llevando aún la matrícula original (S-22938), la cual solo sería actualizada para la configuración de dos letras y cuatro dígitos en 1950. Los registros de João Borba engloban apuntes diarios y mensuales para cada uno de los vehículos que conducía, de modo a poder realizar, al final de cada año, un resumen estadístico de las distancias recorridas y de los gastos en combustible. Esta documentación, aún existente, termina en 1939 para el Hupmobile. Ese año, el automóvil se desplazó poco más de 2.000 kilómetros, habiendo alcanzado la… media de 19,66 litros a los 100km, siendo esta bastante superior a las del resto de automóviles de la familia Moniz Borba.

A partir de 1940, el Hupmobile fue parqueado donde permaneció hasta el post Revoução dos Cravos. Los cambios llevados a cabo por el 25 de abril dictaron la ocupación de la propiedad donde se encontraba el automóvil, forzando la permanencia de éste (y otros) en el lugar hasta que se diera permiso para la retirada de los mismos. De ahí, viajaron para el jardín de la residencia de la familia Borba en Setúbal donde permanecerían expuestos a los elementos, por falta de infraestructura conveniente a su conservación, entrando en proceso lento de degradación.

En 1977, fallece el Ingeniero João Moniz Borba, constituyendo entonces tercer propietario del Modelo S, el anteriormente referido Francisco Moniz Borba, su hijo. Siendo visible desde la calle, el Hupmobile llama la atención de un ciudadano británico residente en Portugal, el cual entra en contacto con el nieto del Doctor Paula Borba con la intención de adquirir el automóvil. Francisco Borba se encontró entonces, una vez más (como fuera anteriormente el caso con el 300SL, aunque por imperativo diferente), confrontado con el prospecto de una venta no deseada, pero necesaria. Imposibilitado de conservar el automóvil del modo “como merecía” – palabras del propietario – acabó por ceder y concretar el negocio. Después de casi medio siglo con los Borba, el Hupmobile partió para una nueva residencia. Por allí permaneció, por aproximadamente cuatro décadas.

Hace unos cuatro años, Francisco Borba recibió una llamada del comprador del Hupmobile; éste tenía intención de vender el automóvil, pero no deseaba hacerlo sin informar primero al antiguo propietario. Preguntando acerca de la condición del Modelo S, Francisco fue informado que el automóvil del abuelo se encontraba “un poco deteriorado” por haber estado “al tiempo”. Poco después de la adquisición, el comprador británico había perdido una serie de documentos a raíz de un robo, entre ellos el cuaderno del Hupmobile. La situación nunca se había regularizado y, al parecer, el automóvil se mantuvo estático y en constante degradación a lo largo de los años.

Francisco Borba dio conocimiento de la situación a los tres hijos. Juntos, deliberaron que, existiendo la posibilidad, el Hupmobile debería regresar a la familia. Sin embargo, primero era necesario averiguar la realidad de la condición actual del automóvil; para ello, Pedro, uno de los hijos de Francisco, fue confiado con la misión de desplazarse al Alentejo (donde se encontraba el Hupmobile) e informar sobre la situación. Las noticias que transmitió después de la primera visita no fueron alentadoras. Pedro Borba refiere entonces al padre que éste debería “prepararse para lo peor”, pues la condición del automóvil era “lamentable”.

La exposición a los elementos había llevado al Hupmobile al borde de la ruina, con el pudor de las maderas, cauchos y de todo el material que componía el interior. Francisco Borba me describió brevemente el estado del Modelo S, a la fecha, como pareciendo “un gallinero”. Sin embargo, a pesar de la dura realidad, el atractivo emocional del automóvil del abuelo/bisabuelo fue demasiado fuerte para ignorar por parte de los Borba y, habiendo sido negociada la compra, el Hupmobile regresó a casa.

Tras una primera limpieza urgente, se procedió al inventario de los cajones de piezas que acompañaron al automóvil; sorprendentemente, todos los elementos se encontraban presentes, desde los faros a los tiradores de las puertas. También la condición de la placa resultó una agradable sorpresa, habiendo logrado evadirse a la herrumbre seria, acumulando solo la de superficie.

Actualmente, el Hupmobile Modelo S de 1930 espera el inevitablemente costoso pero necesario proceso de restauración. Francisco lo cree “sonriente por haber vuelto a casa” y “pacientemente (o impacientemente, quizás)” a esperar la escritura de una nueva página de su historia.

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