Harry Bentley Bradley - las líneas que viajan por el espacio 

Lifestyle 14 Dez 2023

Harry Bentley Bradley – las líneas que viajan por el espacio 

Por Ruben Marques Pedro

El diseño es una disciplina verdaderamente elástica. Visto muchas veces como elitista su práctica se generalizó en las últimas décadas democratizando el acceso a sus técnicas y métodos. Desde el más simple objeto casero – como el pomo de una puerta o una lámpara – hasta el “over design” al que fue sujeto incluso el más utilitario de nuestros coches, encontramos la marca personal de alguien que tomó un lápiz (clásico o digital) para materializar una idea, un concepto, un dibujo. Si utiliza diariamente un conjunto de cubiertos de Cutipol, su autor es con toda probabilidad el diseñador José Joaquim Ribeiro; si tiene un nuevo Fiat 500 en el garaje, sepa que salió de la vena creativa del consagrado Frank Stephenson.

¡Es poco probable que los lectores del Diario de los Clásicos tengan en casa una obra “directa” del creador a quien aquí rendimos homenaje – si la tienen, considérense muy afortunados y ya verán por qué! Pero por otro lado, es casi seguro que todos tenemos algo que forma parte de su enorme legado: posiblemente, en amontados coloridos en los cajones de la generación más joven. Les hablo de los ineludibles carritos de Hot Wheels, que desde hace varias décadas habitan el imaginario de niños y mayores, deslizándose por la alfombra de la sala o por el suelo del cuarto como si nuestra casa fuera, a escala 1:64, una gran metrópolis.

Este “in memoriam” es un sencillo homenaje a Harry Bradley, fallecido el pasado mes de mayo con 87 años. Diseñador y mentor de la primera serie Hot Wheels de Mattel Toymakers Inc., Bradley fue un prolífico creador americano sin el cual nuestra infancia habría sido muy diferente! Estrenando una primera serie de dieciséis miniaturas en 1968 – llamada retrospectivamente “Sweet 16” – la decisión de la marca californiana fue, sin sombra de duda, el espoletar de una pasión que permanece intacta en muchísimos adultos, desde su infancia.  O, como recientemente mencionó el autor y comentarista Ricardo Grilo, “(en 2023) todavía es posible comprar la felicidad con 5 euros”, equivalente a dos carritos de Hot Wheels! Rebobinemos pues la cinta del tiempo.


Del verbo “dibujar”

Harry Bentley Bradley nació en 1936, en Waban, un suburbio de Boston. Desde temprana edad tuvo un gusto inmenso por el diseño, fomentado, entre otras cosas, por las “clases Youth” que frecuentaba en el Museo de Bellas Artes de Boston, que mucho más tarde publicaría el único libro dedicado a su obra.  A los 14 años contrajo poliomielitis, que lo llevó a quedar internado durante siete meses en el Boston Children’s Hospital. El ingreso le permitió pasar largos días dibujando, o mejor dicho, perfeccionando su técnica.  Según relatos, el joven Harry pedía a las enfermeras que lo colocaran junto a la ventana del cuarto, para poder observar los coches que pasaban y, de ese modo, conseguir diseñarlos. Después de esta fase, la familia se mudó a La Jolla, California, y en 1954, aún en el liceo, convenció a los padres de comprarle un Chevrolet Bel-Air de 1951 al lechero de su barrio, automóvil que él mismo comenzó a modificar (a espaldas de los padres, dígase)en la mejor tradición americana de personalización “do-it-yourself”. ¡Estaba encendida la chispa! Denominado justamente “La Jolla”, este Chevrolet hábilmente transformado es, desde entonces, considerado una de las epítomes de los coches modificados en la cultura Kustom americana, y una referencia para incontables reinterpretaciones de automóviles que, desde entonces, se inspiran en la pureza empírica de su diseño.

Esta realización, y el nuevo contexto socio-cultural californiano, el epicentro post-guerra de los “baby-boomers” y ávidamente presenciado por Bradley acabó por trillar el camino de éxito que el futuro entonces le mostraba. Después de la secundaria, ingresó en la Facultad de Wooster, Ohio, en el curso general de Artes, para cumplir un pedido expreso de los padres. Pero su mayor interés estaba en el diseño del automóvil y decidió escribir a General Motors pidiendo consejos sobre dónde estudiar. La empresa le respondió, sugiriéndole el curso de Diseño Industrial en el prestigioso Pratt Institute de Brooklyn, Nueva York, donde ingresó. Ya en el último semestre del curso, fue contratado por GM y se mudó a Detroit. A medida que toda esta formación ocurría, apuraba su interés por la cultura de personalización automóvil, por la expansión – y profesionalización – del fenómeno de los Hot Rods lo que catapultó sus competencias en el diseño para otro nivel.

Los dibujos de Bradley no son solo muy bien hechos, en el sentido de explicar con claridad magistral volúmenes, aristas, líneas de unión, texturas, acabados, relieves y formas; en muchos casos, se comentan también con un nivel de detalle y humor que desafía los sentidos de un observador experimentado y enriquecido con detalles constructivos, dibujos en corte, explicaciones de encajes, ángulos y espesores. Estas características resultarían esenciales para que los “car-Builders” integraran una ventana en la carrocería, modelar un parachoques, o empotrar un tirador de puerta o una entrada de aire, de forma estéticamente depurada y limpia. Esta impresionante mezcla de arte e ingeniería es una rareza incluso en los diseños de muchos diseñadores acreditados.

Los cuatro años que pasó en GM permitieron a Bradley pasar por buena parte de las divisiones de Diseño de la compañía y ganar experiencia en el diseño de una gran variedad de vehículos, desde autobuses a camiones, pasando por utilitarios a superdeportivos. En 1964, aprovechó una beca de GM para hacer un máster en la Universidad de Stanford, período en que diseñó la exuberante Dodge Deora. Este proyecto era revelador de su espíritu disruptivo, que chocó muchas veces con cierto estatismo vivido dentro del Diseño de GM, donde se imponían métodos proyectuales con los que Harry tenía dificultades en tratar. Al mismo tiempo, liberaba dosis inmensas de creatividad, presentando con regularidad proyectos mucho más “fuera de la caja” en casi todas las publicaciones de Hot Rods de América. Como GM no permitía que sus diseñadores firmaran estos trabajos, los conceptos publicados en “Customs Illustrated”, en “Rod & Custom” y otras publicaciones eran firmados bajo el seudónimo de Mark Fadner.

Dodge Deora, la más improbable “Concept-pickup”

Un texto como este se hace corto para detallar los muchos proyectos cuyo diseño tuvo al timón Harry Bradley, pero es unánime reconocer que Deora es uno de sus mayores logros. Los hermanos Larry y Mike Alexander ya eran reputadísimos constructores de “one-offs” cuando invitaron a Harry a diseñar este concepto, teniendo como base la popular “pick-up” Dodge A100: al observar el resultado, queda patente que el diseñador se empeñó a fondo en esta misión y sacó todas las cartas que su formación le había permitido guardar hasta entonces. La Deora fue presentada al público, con estruendosa aclamación, en el Detroit Autorama de 1967 y se destaca por los aspectos exóticos como la puerta frontal de acceso al habitáculo. Es un icono en el mundo del automóvil, con varios homenajes y reinterpretaciones realizadas desde entonces. El “Concept-car” original fue subastado por última vez en 2009, rematado por $324.500 USD. Por su estatus legendario dentro de los coches “a la medida” ha ayudado mucho, es cierto, el hecho de haber integrado el lote de los “Sweet 16” de Hot Wheels, mientras tanto se han lanzado varias reediciones e incluso evoluciones que son, en la práctica, propuestas más modernas pero también radicales de Deora.

El secreto de la línea roja

Es por esta época que Mattel, con el objetivo de lanzar lo que vendría a ser Hot Wheels, comienza su búsqueda por un diseñador oriundo de los “Big Three” (Ford, Chrysler & GM) que combinara un conocimiento de la industria con la contra-cultura de los coches “mod”: está visto quién era el candidato ideal. Además, la perspectiva de que Harry regresara a California era algo que él mismo deseaba. Bradley ingresa a Mattel en la primavera de 1966, donde pasará los próximos dos años construyendo toda una colección y estrategia de marca asociada.

En rigor, no se puede atribuir a Harry Bradley la autoría de los primeros dieciséis carritos, sino la decisión sobre esta selección inaugural y el enorme trabajo de sintetización exigido en el paso de los modelos reales para las versiones miniaturizadas. Algunos diseños son efectivamente suyos – los automóviles 1:1 y las miniaturas 1:64 – como por ejemplo la Deora y la Chevrolet El Camino “fuertemente” modificada, y que era su coche personal -, otros son reproducciones de absolutos éxitos de ventas durante la década de 1960 (como los “Muscle Cars” Ford Mustang, Pontiac Firebird o el nuevo Chevrolet Corvette del 68!). Se cuenta que, cierto día, “El Camino” estaba parada en la sede de Mattel cuando uno de los ejecutivos exclamó: “Those are some hot Wheels!”. El nombre llamó la atención de Bradley y quedó elegida la futura marca. Su visión creativa estaba también en esta su intuición como “Insider”, en la forma como “vivía” el mundo automóvil. Seguía de cerca las novedades oficiales y lo que los “custom Builders” estaban lanzando. La información es poder, y eso fue crucial en el éxito inicial de Hot Wheels y en el atractivo marketing que fue creado entonces, y en el que Harry fue muy influyente: un “pin” en cada caja para que los niños vistieran en la ropa (el mítico Metal Button)colores distintivos, ruedas con línea roja y un juguete con atributos como los “Low Friction wheel bearings for súper speed” o la “Exclusive Torsion-bar Suspension that really Works!”.

Beatnik Bandit, exuberancia máxima

Un caso muy peculiar de elección para la primera serie fue el Beatnik Bandit, un “show-car” concebido por Ed “Big Daddy” Roth en 1960. Roth fue quizás el más famoso de los constructores de “show Cars” de Estados Unidos durante toda la segunda mitad del siglo. XX, célebre en medio de los “custom Builders” e incluso de la industria de Hollywood. El Beatnik Bandit fue una de sus creaciones más exitosas – el diseño original es atribuido a Joe Henning – y, por alturas de 1968, este automóvil (casi) estático había viajado extensamente por los EEUU y Canadá, siendo un señuelo de multitudes garantizado dondequiera que fuera expuesto. De este modo, lanzarlo bajo la forma de un Hot Wheels era un ingreso de ventas asegurado entre los miles de niños que, en esa década, habían visto el original o leído sobre él. Según el propio Roth, se le ofreció un contrato de “royalties” con Mattel por valor de $800 USD en que éste autorizaba a replicar el Bandit (cerca de los $7.000 USD en dinero actual). Sin embargo, Roth se sintió decepcionado por el hecho de que en las reproducciones a escala “se aplican colores sin sentido como el azul o el rojo”. Mucho más tarde, en 1992, en la preparación de la reedición de los “Sweet 16” conmemorativos de los 25 años de la marca, Mattel quiso reproducir el Bandit, algo que Roth rechazó, no aceptando siquiera firmar lo que él designaba como “reproducciones no autorizadas” y que muchos fans le pedían en sus innumerables apariciones públicas. Aún así, la seria fue relanzada en 1993 con el Beatnik Bandit incluido…

Sin embargo, el tiempo que medió entre el lanzamiento de Hot Wheels y las primeras ganancias del éxito que alcanzó fue también un período de dudas por parte de Bradley sobre si estaría en el lugar correcto y sobre si el proyecto iba a tener éxito, habiendo dejado la empresa en 1969.  El Volkswagen Custom de la primera serie – un “escarabajo Hot Rod”, transformación muy popular en ese momento – es obra de su amigo Ira Gilford, otro talentoso diseñador que, después de la salida de Bradley y por recomendación de éste, dejaría el departamento de diseño de Chrysler y vendría a trabajar a tiempo completo para la marca californiana.

Después de los 16

Harry Bradley fundó su propio estudio y desarrolló una gran cantidad de proyectos, desde kits para ensamblar, Hot Rods, “Customs” y “Concept-Cars” para muchas marcas de automóviles. Y fue también uno de los más aclamados profesores de Transportation Design en el Art Center College of Design (ACCD) de Pasadena: de hecho, este fue el cargo profesional que más años ocupó, en el extenso período entre 1972 y 1998. Enseñó, entre otros, a diseñadores consagrados de la actualidad como Luciano Bove (director de Diseño de Renault), que confirma su temperamento ríspido, el carácter exigente y la frontalidad ante sus alumnos. El diseñador italiano informó recientemente que ante su primera clase y el primer día de clases, Bradley había afirmado que “Están en una clase de diseño de vehículos, pero solo 2 o 3 de ustedes serán diseñadores de automóviles, y quizás 4 o 5 más puedan diseñar accesorios y componentes para automóviles. En cuanto a los demás, no me interesan.” Si este puñado de novatos venía con voluntad y ambición, estaba aquí dado el impulso motivacional que necesitaban.

En cuanto a los Hot Wheels “Sweet 16”, los de primerísima serie, parece ser consensual que cada ejemplar original y en buen estado de conservación, vale hoy en día cerca de $3.000 USD! Son raros, ultra-codiciados, y con variaciones de precio según estén en el embalaje original, si vienen acompañados del Metal Button, o si son “Made in USA” o “Made in Hong Kong”, entre muchos otros factores. Por supuesto, como en todo coleccionismo, hay excepciones hiperbólicas: hace unos tres años se encontró un Camaro personalizado “Redline Enamel White – Versión de Hong Kong”, cuyo valor se estima en $100.000 USD! Blanco con techo negro y con el llamativo parabrisas de plástico translúcido azulado, es el único ejemplar conocido en esta combinación de colores demostradamente de origen, una miniatura que, como tal, vale más que un Chevrolet Camaro verdadero!

Hay coleccionistas que se esfuerzan por tener las Dodge Deora en todos los colores producidos (nueve colores en la primera serie), algunos dan primacía a los “Muscle Cars”. Pero ya casi todos han renunciado a buscar otro ejemplar de la Rear-Loading Beach Bomb #1, una Volkswagen “Pan de Pan”, con un par de tablas de surf saliendo de la ventana trasera (1969). Se conocen solo un puñado de ejemplares (el modelo no llegó a ser lanzado públicamente en esta configuración) y solo dos(!) en Rosa metalizado, siendo los más valiosos Hot Wheels de todos, con una cotización a rondar los $175.000 USD… ¡Uff! ¡Quizás sea hora de volver al ático!

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