Clásicos 11 Jan 2024

Kei cars japoneses: Una envidia saludable

Casi la mitad de los vehículos en circulación en las carreteras de Japón son Kei Cars, una categoría de automóviles pequeños diseñada para disfrutar de beneficios fiscales e impulsar la movilidad en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Los Keijidōsha, o “automóviles ligeros”, fueron instituidos por el gobierno japonés a principios de la década de 1950, ganando notoriedad efectiva alrededor de una década después de su implementación. Sin embargo, cuando esta medida económica, destinada a favorecer a los menos favorecidos, chocó frontalmente con el inesperado auge económico de la “Burbuja Económica Japonesa” en la década de 1980, el resultado fue la aparición de tres deportivos Kei, conocidos colectivamente como los vehículos A-B-C: A para el extraordinariamente audaz Autozam AZ-1; B para el Honda Beat, diseñado por Pininfarina y equipado con un motor que canta hasta las 8500 rpm; y C para el Suzuki Cappuccino, sobrealimentado.

A lo largo de este video, Jason Cammisa realiza una interesante investigación sobre la historia de las regulaciones de los Kei Cars, desde sus inicios, cubriendo el éxito inicial con el Subaru 360, hasta la discusión sobre la falta de un límite legal de potencia para los Kei Cars, en contraposición a lo que eventualmente se podría haber difundido en otros círculos.


En el camino, Jason también destaca los notables Honda S600 y S800, desglosando de manera integral la trayectoria del Honda Beat con motor central, el último vehículo aprobado bajo la supervisión de Soichiro Honda; el diminuto Suzuki Cappuccino, que se asemeja a una versión a escala de la segunda generación del Mazda MX-5; y el atrevido Autozam AZ-1, equipado con puertas de ala de gaviota que, innegablemente, le confieren un carácter muy especial.

Los efímeros deportivos Kei, aunque breves en su existencia, dejaron un impacto indeleble en el panorama automovilístico japonés, consolidándose como tres de los vehículos más memorables jamás producidos. En resumen, resultaron ser auténticas epifanías sobre ruedas, que nos dejan saludablemente envidiosos, ya que, por aquí, nos resulta francamente difícil acceder a estas joyas.

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