Clásicos 27 Mar 2026

Portaro, el primer todoterreno portugués

El nacimiento del Portaro es el resultado directo de un giro estratégico en el mercado nacional de la década de los 70. Cuando British Leyland asumió la representación directa de Land Rover en Portugal, Garagem Vitória se vio obligada a buscar una alternativa sólida para el segmento de los todoterreno. La solución llegaría desde Rumanía, a través del proyecto ARO, que sirvió de base mecánica para un ambicioso programa de desarrollo nacional que prometía desafiar el dominio de las marcas extranjeras.

El proyecto cobró un impulso decisivo en septiembre de 1974, con la incorporación de Hipólito Pires al frente de la dirección técnica de la Sociedade Electromecânica de Automóveis. Tras revelarse inviable un intento inicial con motorización Perkins, Hipólito Pires, en estrecha colaboración con el ingeniero Costa Freitas, inició un proceso intensivo de adaptación técnica.

Este equipo se enfrentó al reto de dotar al vehículo de una identidad propia, optando por la fiabilidad de los motores Daihatsu y por un elevado índice de incorporación nacional, transformando el chasis original en una máquina adaptada a las exigencias del territorio portugués.

Más que un vehículo utilitario, el Portaro se diseñó con un rigor poco habitual para la época. El equipo de desarrollo no se limitó al montaje de componentes, sino que integró aspectos de seguridad como pruebas de choque y el cumplimiento de las normas de la OTAN —un detalle visible en el emblemático parabrisas abatible—. En mayo de 1975, se completó el primer prototipo funcional, anticipando una trayectoria que llevaría el nombre de Portugal más allá de las fronteras, tanto en el mercado comercial como en las exigentes pistas de competición internacional.

Hoy en día, el Portaro es recordado como un símbolo del ingenio y la resiliencia de nuestra industria. Este legado de audacia mecánica se conserva ahora debidamente en el Museo de Caramulo, gracias a la donación personal de Hipólito Pires.

El legado incluye un ejemplar de primera generación y un prototipo original, piezas que permiten a las futuras generaciones ser testigos de la época en la que Portugal fabricó uno de los jeeps más carismáticos y capaces de su historia.

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